Recado cordial a Don Luis
“La Patria es agonía y deber”. José Martí
Miami.- Hace unos cuantos años conocí a Luis H, Arthur S. Cafebambú estaba en el colimador de la notica. Lo motivamos para que escribiera artículos relacionados a la situación nacional y latinoamericana ya que había vivido en México por varios años y había estudiado ingeniería. Regresaba a su lugar patrio con deseos de compartir y dedicarse a mejorar la situación en la Republica Dominicana de una forma u otra, pero mayormente con respecto a la cuestión eléctrica.
Con el tiempo los artículos de Don Luis comenzaron a calar en el corazón de sus lectores y consiguió muchos adeptos leyendo lo que escribía. Por dos razones. 1) Porque escribía sobre temas candentes y 2) lo hacía de una forma precisa y sin gastar tantas cuartillas en la limpidez del imaginable papel del Internet. Con el tiempo los artículos de Don Luis se convirtieron en un arcoíris de consulta especialmente los relacionados a las plantas eléctricas dominicanas, porque de eso tiene muchos conocimientos. El Caribe le dio la bienvenida y siguió escribiendo sus artículos allí. Por esas cuestiones de la vida Don Luis se fue y lo dejamos que volara con sus propias alas. Ya era un articulista (primer ingenio que hay que quemar para ser escritor), y volaba con sus propias alas.
Todo escritor, desde Miguel Ángel Garrido, el Cóndor de la Prosa Dominicana hasta José Martí, el Apóstol de la Independencia Cubana, tuvieron sus golpes bajos y desilusiones cuando en ciertas ocasiones pensaban que su trabajado había sido en vano. A Don Luis tanto como a muchos de nosotros le da bien duro cuando vemos que la República se desmorona ante la indiferencia de casi todo el país. Hay otros que cuando no están en la papa, pues, el país siempre se estará desmoronando. Este no es el caso.
En estos días, Don Luis quiere dejar todo. Quiere volar hacia otros cielos con sus alas doradas del Águila que conquista. Una enseñanza que aprendo del ave dilecta de los norteamericanos es que cuando hay tempestad y amenazas de vientos huracanados, el águila comienza a volar hacia el sol. Y se encumbra sobre las tormentas esperando que se disipen. No se va de su entorno donde vive, sino que sabe esperar. De un momento a otro regresa a la piedra milenaria donde vive mirando la grandeza de las praderas y el giro grandioso del firmamento. Todo pasa. Don Luis quiere levantar campamento y nosotros le decimos que no. Que tiene que seguir escribiendo, porque sus lectores, el país y muchos medios lo necesitamos. Que tiene que morir en el tumulto como los gallos finos y tomar su vuelo como las águilas para que la polilla y el orín no lo corrompan.
Si leemos en la historia vemos a Duarte, a Bolívar, a Martí y a Jesucristo en sus momentos agónicos que pensaron que habían arado en el mar. Pero no fue así. Martí con ese amor furibundo nos decía: “Cuando un pueblo ve a sus timoneles en querella, y más ocupados de ver quien guía que de guiar bien el buque, entonces bendice a cualquier hombre osado que se hace del timón con mano fuerte y guía.” Por otro lado, nuestro Apóstol en un episodio de la guerra de los diez años, él saludaba “en la república nueva el poder de someter la ambición, aun la más noble, a la voluntad general y acallar ante el voto de la patria la convicción misma del modo de salvarla”. Sin embargo todos los años que vivió Cuba con un gobierno republicano, en los pasados cien años varias veces, y casi siempre por obra de los mismos gobernantes, se quebrantó en nuestra República la continuidad constitucional. Es innegable que todos esos años republicanos hemos estado los cubanos sin gobiernos nombrados por virtud de mandatos electorales. Así mismo ha sucedido en la Republica Dominicana. ¿Para qué hablar de Duarte?
Ya Bolívar había dicho cuando se sentía ante los golpes bajos de la lucha, insatisfecho y abatido al final de su carrera, con profunda amargura: “los tres mas grandes majaderos de la Historia hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo. Hemos arado en el mar”. No, Don Luis, Bolívar era solo un hombre, aunque todo un hombre; y no debió de compararse ni con quien dijo que su reino “no es de este mundo”, ni con un fantasma por la imaginación creado. Ni el divino Cristo, según el Evangelio, ni el ingenioso hidalgo, según Cervantes, araron en la mar; sino en corazones y cerebros, con proliferas semillas de bien y de belleza. Ni tampoco la aradura continental de Bolívar fue obra malograda, pues ahí están vivas, frondosas, floridas y aun fecundas de engendros nuevos, las grandes repúblicas que él sembró por costas, valles y mesetas, y hasta por cordilleras, cuyos volcanes hoy elevan su inciensos a los soles y las estrellas de los cielos americanos.
No, Don Luis, la ingente obra de articulista suya no ha sido sembradura en las olas. Aun en las olas inmensas del embravecido mar que algunas veces atacan nuestras embarcaciones su pluma se levanta cual grandioso gigante y sus pinceladas mágicas que son certeras y universales ya se pregonan en diversos pueblos del mundo. Con el adelanto de la ciencia y tecnología ya no vivimos en la época del telégrafo ni el teletipo y sus alas mágicas de la pluma se levantan en vuelo raudo por el mundo para llevar el mensaje verdadero y sembrarlo en muchos surcos que se han abierto de las cuales no pocas ya han florecido y granado. Sus certeras ideas, Don Luis, seguirán fertilizando a los pueblos y a República Dominicana siempre con sus rosales hermosos para ofrendarle su aroma de paz a todos los corazones nacidos de buena cepa de mujer.
No olvide, Don Luis, que es cierto y evidente que los supremos ideales, los de hombres íntegros como usted, como los de Miguel Ángel Garrido, como los de Miguel Guerrero o de otros grandes maestros de la pluma que en verdad se les puede llamar reformadores Sociales, no han sido logrados plenamente en parte alguna; ni habrá deberlos alcanzados en sus días este anciano que hoy le habla con emoción de años y desengaños y fuera de ilusiones y enconos banderizos; ni tampoco lo verán aquellos que nos leen, porque quizás esos ideales transformativos jamás se han de cumplir.
Don Luis, hoy en la mayor parte del mundo, especialmente en nuestra patria los derechos del hombre son desconocidos y burlados y la libertad padece congojas de agonía o esta yerta, o jamás llegó a nacer. Pero no debe amilanarse su pluma que debe mantener su empeño aunar la grandeza de la Patria, para el avance del ideal, los latidos del corazón y los destellos del cerebro; el subjetivo valor, ardiente y puro hasta “el placer del sacrificio”, que es la única fuerza capaz de vencer, y la objetiva estrategia de la razón fría y serena, única que conduce a la victoria.
Por tal razón, pensamos que es sin duda benéfica influencia suya si hoy, pese a los intermitentes y lamentables vicios, flaquezas y convulsiones de nuestra milenaria vida política, nuestros países que crearon nuestros libertadores y se han mantenido gracias a la visión articulistica de hombres como usted, todavía, aun en los tiempos tormentosos que corremos, goza de ideales, de luces y de un radio de libertades, más que en la mayoría de las naciones del mundo, aunque aquellas corran peligro de perderse totalmente porque son muchas las fuerzas ocultas que, aquí como en todas partes, las quisieran suprimir.
Finalmente, Don Luis, es gloria suya, porque se debe a su pluma pura y potente que desde el empíreo nos viene como verbo de creación y orden, si los dominicanos, bien conscientes de las frustraciones de toda suerte que década tras década están afligiendo a la patria, nos reafirmamos en la fe Duartiana. Y en ese sagrario de nuestra mente libre, un riguroso examen de conciencia y un sincero acto de meditación, para decidir si es verdad que vale la pena colgar la pluma por unos desalientos más que los hijos de la mis Patria nos han ocasionado.